Un país que se siente antes de entenderse
Argentina no es solo un destino: es una experiencia emocional, única e irrepetible.
Quien pisa estas tierras o se cruza con su gente, difícilmente la olvida.
No porque todo sea perfecto, sino porque todo se vive con intensidad.
Es un país extenso, intenso y contradictorio, donde cada región tiene su propio pulso y cada viaje deja algo más que fotos. Nuestra identidad nace del cruce: pueblos originarios, inmigrantes, historias de lucha y una forma muy particular de estar en el mundo. Acá se conversa largo, se discute con pasión, se celebra fuerte y se vive al máximo, con el corazón expuesto.
Argentina no se observa desde afuera: se atraviesa.
La pasión atraviesa todos los ámbitos. En el fútbol, con figuras que marcaron la historia como Maradona —el mejor jugador del mundo— o Messi —el mejor de todos los tiempos—. En el deporte, con nombres como Fangio, Ginóbili, Las Leonas y tantos otros. En la política, con sus vaivenes y su memoria intensa: San Martín, el gran libertador; Evita; la Patagonia Rebelde. Y también en la música, en el amor, en la forma de sentir.
Acá nada es tibio: o se ama, o se discute, o se defiende.
La música es parte esencial de esa identidad. Del folklore que cuenta la tierra en cada región —como el chamamé, cruce guaraní de los pagos correntinos, o la chacarera nacida en Santiago del Estero— hasta el tango que narra la nostalgia del Río de la Plata, con Gardel como exponente. En esa música profunda y popular resuena la voz de Mercedes Sosa, que cantó la tierra, el exilio y la esperanza con una fuerza capaz de cruzar generaciones y fronteras. Su voz es parte del paisaje emocional del país. Del rock nacional que marcó generaciones a los sonidos populares que laten en cada barrio.
En Rosario, Cuna de la Bandera y ciudad de Fito Páez, Baglietto y Litto Nebbia, a orillas del Paraná, la música aportó poesía urbana: canciones que miran el río y hablan de lo cotidiano con profundidad. Ese rock también tuvo voces que ampliaron el horizonte cultural del país: Charly García, que puso palabras al caos y a la lucidez de varias generaciones; Gustavo Cerati, que llevó la sensibilidad argentina a un lenguaje universal; y Luis Alberto Spinetta, que convirtió la poesía en una forma de resistencia y belleza. Juntos, marcaron una manera de sentir, pensar y habitar la música que atraviesa fronteras y épocas.
Si Argentina tuviera un sonido, sería una mezcla de guitarra criolla, bandoneón y rock, nacida junto al agua y forjada en la ciudad.
Una banda sonora que acompaña el viaje incluso cuando el paisaje cambia.
También hay una Argentina que viaja con la imaginación. La de Julio Cortázar, que convirtió el juego, el azar y el desplazamiento en una forma de mirar el mundo. Un escritor que enseñó que moverse no siempre es ir lejos, sino aprender a ver distinto. Y hay una Argentina que se dijo en versos. La de Alfonsina Storni, poeta nacida en el litoral, que puso palabras a la sensibilidad, la rebeldía y la intimidad en una época que no estaba preparada para escucharla. Su obra sigue dialogando con el presente.
La gastronomía es ritual. El mate como acto social, compartido de boca en boca y de corazón en corazón. El asado que reúne familias y amigos. Las empanadas que cambian de sabor según la provincia. El vino como identidad y símbolo. La pizza de barrio, heredera de la inmigración italiana con un toque bien local. Y el helado artesanal, una religión no escrita.
Comer en Argentina es pertenecer, aunque sea por un rato.
Sentarse a la mesa es una forma de decir “acá estamos”.

Y los paisajes… Argentina es desmesura. Desde el Aconcagua, el techo de América, que se alza silencioso en la Cordillera de los Andes, hasta glaciares, montañas, selvas, desiertos, humedales y llanuras infinitas. Las Cataratas del Iguazú, una de las maravillas naturales del mundo. La Patagonia indómita, con raíces mapuches y tehuelches. El fin del mundo, con el Canal Beagle y sus faros. Las Islas Malvinas, siempre argentinas. Y ciudades que nunca duermen.
Un país que no se recorre en línea recta, sino en capas.
Cada kilómetro suma historia, clima y carácter.
En esa geografía habitan cóndores que planean sobre la cordillera, ballenas que llegan cada año al sur y yaguaretés que resisten en la selva. La fauna también cuenta la historia de un país vasto y diverso.
Multipase nace en Rosario, una ciudad sin postales obvias, donde el río Paraná —cuyo nombre en guaraní puede leerse como “pariente del mar”— marca el ritmo. Desde acá, muchas veces el viaje empieza sin irse demasiado lejos.
Desde acá miramos Argentina: con curiosidad, sensibilidad y ganas de contar lo que se siente al atravesarla.
