Una conversación sobre psicodelia, The Beatles y una vida atravesada por la música
Por Eduardo Ojeda | Multipase x el Mundo

Hay lugares a los que uno llega por curiosidad y termina llevándose algo más que una fotografía. En mi caso, The Cavern Club, en Liverpool, era una de esas visitas casi obligatorias: conocer el mítico escenario asociado a los primeros años de The Beatles, bajar a ese sótano cargado de historia y tratar de imaginar todo lo que había sucedido entre sus paredes.
Pero en 2018, durante el festival International Pop Overthrow, me encontré con algo que no esperaba: una sucesión de bandas tocando en vivo y, entre ellas, un guitarrista que captó mi atención desde el primer momento. Se llamaba Alain Pire.
Recuerdo su energía sobre el escenario, su habilidad con la guitarra y unos solos que parecían no tener ganas de terminar. También recuerdo algo que puede parecer un detalle menor, pero que me llamó la atención: tocaba con la guitarra al revés de lo que uno suele ver, por ser zurdo, y se movía con una soltura que contrastaba con la edad que aparentaba tener entonces.
Sin embargo, lo que más me impresionó no fue solamente su destreza. Fue la manera de disfrutar lo que estaba haciendo.
A veces, incluso en buenos conciertos, los músicos parecen demasiado concentrados en ejecutar sus partes, cansados o pendientes de si el público acompaña. En ocasiones, si la respuesta de la gente no es la esperada, la actuación termina pareciéndose más a un ensayo que a un espectáculo. Alain, en cambio, tocaba como si estuviera frente a cuarenta mil personas. No importaba que estuviéramos en un sótano de Liverpool: su entrega era la de alguien que estaba exactamente donde quería estar.
Y la música acompañaba. Su psicodelia, con ese espíritu que remite al rock de los sesenta y setenta, generaba una atmósfera amable, expansiva, de esas que invitan a quedarse un rato más. Me fui de The Cavern con un nuevo nombre para seguir y una banda que, desde entonces, continué escuchando.
Ocho años después, aquella experiencia es el punto de partida de esta conversación con Alain Pire, músico belga, investigador de la psicodelia británica y líder de Alain Pire Experience, que hoy está cumpliendo 73 años, Feliz cumpleaños Alain.
Una charla que nos lleva desde su más reciente trabajo, The Electric Shaman, hasta la adolescencia en la que The Beatles le cambiaron la vida; desde sus investigaciones sobre una época irrepetible hasta las dificultades, bastante menos psicodélicas, de conseguir conciertos cuando no se tiene representante.
Porque, si algo queda claro al escucharlo, es que la psicodelia nunca fue para él una moda pasajera. Fue una puerta de entrada a otro mundo.




The Electric Shaman: Jim Morrison todavía tiene algo que decir
El nombre de esta conversación podría haber sido simplemente Alain Pire Experience. Sin embargo, hay algo en The Electric Shaman, su reciente álbum publicado en agosto de 2026, que invita a empezar por otro lado. La referencia a Jim Morrison es explícita: aparece en la letra y también en el videoclip. No se trata de una asociación que el oyente tenga que descifrar entre efectos de guitarra y paisajes psicodélicos.

¿Qué representa hoy Morrison para Alain? ¿Y cómo terminó convirtiéndose en el protagonista de una canción?
Su respuesta comienza con un recuerdo personal:
«Yo también fui fan de The Doors durante mi adolescencia. Nunca tuve la oportunidad de verlos en directo antes de que Jim muriera, pero vi una actuación en vivo por televisión, ¡y el tipo era absolutamente fascinante!».
Alain también recuerda haber visto varias veces la película The Doors. Pero la elección de Morrison como personaje de su canción no surgió de un plan conceptual elaborado de antemano. Su proceso de composición parece bastante más intuitivo.
«Siempre termino con la letra. Primero hago la melodía y los acordes, luego intento ponerle palabras a la música. Estaba buscando un tema para esa canción y, un día, pensé que Jim sería un buen personaje para ella. Entonces escribí la letra ;-)».
La explicación tiene algo de espontáneo y de rockero: primero aparece la música, después hay que encontrarle una historia. Y, en algún momento, Jim Morrison se presenta como el personaje indicado.
Quizá ahí esté una de las claves de Alain Pire Experience. La historia del rock funciona como un territorio al que volver, no necesariamente para reconstruirlo pieza por pieza, sino para encontrar nuevas canciones dentro de un universo conocido.
Una banda, distintas influencias y veinte minutos de improvisación
Alain Pire Experience nació en 2014, después de varios proyectos en los que Alain ya había explorado el pop psicodélico. Antes estuvieron Huy! y Michel Drucker Experience, bandas en las que también cantaba en francés, con la colaboración de otros vocalistas.
Esta vez, sin embargo, quería orientar el proyecto hacia una combinación particular: canciones pop y pasajes instrumentales. También tenía una ventaja: ya había tocado con quienes serían sus compañeros de banda, Marcus Weymaere y René Stock.

«Me impresionó mucho formar una banda con ellos porque estábamos en la misma sintonía, además de ser muy buenos músicos», explica.
La afinidad no significaba que los tres compartieran exactamente las mismas influencias. Marcus y René provenían de un entorno más cercano al blues, y Alain tuvo que introducirlos en una manera diferente de abordar la música: dejarse llevar, escuchar lo que sucedía y permitir que la improvisación encontrara su propio camino.
«Cuando empezamos a tocar juntos, realmente tuve que enseñarles a dejarse llevar e improvisar. Pero después de unos meses lo entendieron y ahora podemos improvisar durante veinte minutos en una canción sin problema, siempre que la inspiración fluya».
Veinte minutos. En tiempos en los que muchas canciones parecen diseñadas para no perder la atención durante los primeros quince segundos, la idea de sostener una improvisación durante ese tiempo resulta casi una declaración de principios.
Al preguntarle sobre esta etapa musical que viene desarrollando hace años responde:
«Me siento más cómodo como líder, porque en mis bandas anteriores mi rol era principalmente el de músico; así que aquí me tomó un tiempo sentirme seguro con mis habilidades vocales.
La desventaja de ser líder de un trío es que la atención del público suele centrarse en mí, así que necesito sentirme a gusto para ofrecer un buen concierto 😉 ».
Pero la libertad sobre el escenario no significa que todo el proceso de grabación sea improvisado. Alain describe una dinámica de trabajo bastante metódica.
«En el estudio es un ambiente muy diferente: tocamos con auriculares, la mayoría de las veces con un metrónomo o con una pista de acompañamiento que preparé de antemano. Pero son muy buenos músicos y no necesitamos muchas tomas para obtener un buen resultado».
Por lo general, la banda registra las pistas básicas en el estudio. Después, Alain continúa el trabajo en su propio espacio, donde graba guitarras, voces y percusiones. La excepción son las canciones completamente improvisadas, como Number 9, que se registra de principio a fin en una sola toma, con todos tocando juntos.
La última etapa es la mezcla, que realiza con su amigo Didier Dessers.
«¡Sabe cómo hacer que una canción suene bien! Y también tiene habilidades de producción. Al final, tenemos el resultado de todas estas diferentes etapas de grabación de una canción».
El método combina, así, la espontaneidad de la interpretación con el trabajo paciente de producción. No hace falta grabar todo en vivo ni utilizar equipos de otra época para conservar cierto espíritu psicodélico.
De hecho, Alain no parece demasiado interesado en convertir la tecnología vintage en una religión.
«Tengo un profundo respeto por quienes utilizan equipos antiguos, pero ese no es mi objetivo. ¡Siempre prefiero el camino más conveniente para que una canción suene bien!».
No ser una copia de los años sesenta
Escuchar Alain Pire Experience es encontrarse con una música que reconoce abiertamente sus raíces. The Beatles, Cream, Pink Floyd, Jimi Hendrix y el rock psicodélico británico forman parte de un paisaje sonoro que atraviesa sus canciones. Pero reconocer una influencia no significa quedarse a vivir en ella.

Alain asegura que no busca convertirse en un imitador de los años sesenta. La mezcla entre las influencias de su juventud y otros sonidos más recientes parece ocurrir, en buena medida, de manera inconsciente.
«Al escuchar otros tipos de música, algunas de ellas recientes, debe producirse un proceso inconsciente que me lleva a mezclar mis influencias juveniles con otras más modernas».
También busca una identidad propia desde la producción: un sonido más contundente, con mayor dinámica, que responda a las necesidades de cada canción.
«Siempre intento ponerme al servicio de la canción, grabar lo que creo que es mejor para que suene lo mejor posible».
La frase puede parecer sencilla, pero dice bastante sobre su enfoque. No se trata de demostrar cuánto conoce la música de una época ni de reproducir un sonido antiguo por obligación. Se trata de encontrar qué necesita cada tema.
Quizá por eso conviven en su repertorio las canciones más directas con extensos pasajes instrumentales, las referencias reconocibles con composiciones propias y los guiños a una tradición musical con decisiones de producción contemporáneas.
La psicodelia, en este caso, no es un disfraz.




De Lieja a la psicodelia británica
Alain Pire nació en Lieja, Bélgica. Mucho antes de convertirse en guitarrista, compositor e investigador, fue un adolescente que descubrió una música capaz de modificar el rumbo de su vida.



No provenía de una familia adinerada. Su padre era obrero de fábrica y su madre no trabajaba fuera del hogar. Alain recuerda aquel origen sin dramatismo, pero también sin ocultar la importancia que tuvo la música en su formación.
«Es un tipo de música que descubrí durante mi adolescencia y ¡simplemente me cambió la vida! Mi padre era obrero, mi madre no trabajaba, no provenía de una familia adinerada y esa música me ayudó a convertirme en una persona más intelectual».
El cambio no fue solamente cultural. Aquellas canciones también lo llevaron a aprender a tocar instrumentos.
«Al mismo tiempo, esta música me impulsó a aprender a tocar primero la batería y luego la guitarra. ¡Simplemente me cambió la vida!».
La repetición de esa idea no parece casual. Alain vuelve sobre ella cuando habla de The Beatles y de lo que significaron en su formación. La música no fue únicamente una afición que acompañó su adolescencia: le permitió imaginar posibilidades que hasta entonces no necesariamente formaban parte de su horizonte.
Con los años, esa fascinación se transformó también en una investigación académica. Alain obtuvo un doctorado sobre la psicodelia británica y escribió Anthropologie du Rock Psychédélique Anglais:
“Entre finales de 1965 y finales de 1967, una revolución cultural sacudió Inglaterra. La moda, el diseño gráfico, el teatro, la arquitectura, el diseño y, sobre todo, la música experimentaron una evolución vertiginosa. Esta antropología del rock psicodélico inglés analiza en detalle esta metamorfosis sonora y social durante la cual la contracultura, los Beatles, Jimi Hendrix, Pink Floyd y el LSD transformaron profundamente la sociedad occidental en la década de 1960. Este estudio antropológico también analiza 109 temas emblemáticos de este periodo, cuya influencia perdura hasta nuestros días.” Dice un resumen de este trabajo.



Además, tradujo al francés la biografía de Syd Barrett, fundador de Pink Floyd. Su trabajo lo llevó a encontrarse con personas que habían participado de aquella escena musical y cultural. Entre ellas, Arthur Brown, Steve Howe, Joe Boyd —productor vinculado a Pink Floyd—, Barry Miles —activista, promotor y amigo de Paul McCartney— y John «Hoppy» Hopkins, conocido fotógrafo, entre otros.
También visitó en Cambridge a Jenny Spires, expareja de Syd Barrett.
«Tuve la suerte de entrevistar a gente realmente agradable que estuvo activa en aquella época fascinante. […] Fue un viaje largo, pero fascinante, a través de aquellos tiempos maravillosos. Aprendí mucho y quise rendir homenaje a esa época musicalmente».
Hay algo interesante en ese recorrido: Alain no se limitó a estudiar los discos, sus autores o las circunstancias en las que fueron grabados. Buscó las voces, los recuerdos y las experiencias de quienes habían formado parte de aquel mundo.
Su investigación y su música parecen alimentarse de una misma curiosidad. Por un lado, el deseo de comprender qué ocurrió; por otro, la necesidad de seguir haciendo canciones a partir de aquello que todavía resuena.
Psicodelia, recuerdos y unas trufas en Ámsterdam
Hablar de psicodelia suele llevarnos rápidamente a la expansión de la percepción, las experiencias alteradas de conciencia y las sustancias que marcaron parte de la cultura de los años sesenta. Pero ¿qué significa hoy esa palabra para alguien que ha dedicado tantos años a explorarla, tanto desde la investigación como desde la música?
Alain observa que el espíritu de aquella época se va desvaneciendo y que las sustancias psicodélicas ya no se consumen de la misma manera que entonces. No idealiza su propia experiencia ni pretende convertirla en una recomendación para otros.
«Yo también consumí una buena cantidad 😉 pero, con el paso del tiempo y los cambios de la vida, prefiero recordar esos momentos del pasado antes que consumir psicodélicos, principalmente por su efecto impredecible sobre la mente».


La respuesta tiene una franqueza poco solemne. No intenta construir una leyenda personal alrededor de las drogas ni presentar la experiencia psicodélica como una obligación para comprender esa música.
De hecho, recuerda una experiencia bastante más reciente que parece haberle quitado cualquier tentación de idealizarla.
«Hace unos años fui a Ámsterdam para un seminario y todos tomamos trufas. A mí no me gustaron mucho, así que ahora forman parte de mi pasado ;-)».
Hay que reconocerle el sentido del humor. Después de estudiar durante años una de las escenas culturales más asociadas a la experimentación psicodélica, Alain puede hablar de sus propias experiencias sin convertirlas en una hazaña ni en una tragedia.
La psicodelia, en su caso, también es memoria. Una época que lo formó, una música que le abrió puertas y un universo creativo al que todavía vuelve, aunque sus hábitos y su manera de vivir hayan cambiado.
The Cavern: volver a un escenario que todavía guarda historias


Cuando le menciono aquella actuación de 2018 en The Cavern Club, Alain recuerda con cariño esos conciertos. Cree que fue la primera vez que la banda tocó allí y cuenta que todavía conserva una grabación en vivo de algunas canciones.
«Todavía tengo una grabación en directo de algunos temas y suena bastante bien».
Para entonces, Alain atravesaba una etapa especialmente activa. El año anterior había interpretado el álbum completo Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band junto a veinticinco músicos en su ciudad natal. Al año siguiente participó en una celebración de Woodstock con numerosos músicos, incluidos británicos a quienes había conocido en Londres y Liverpool.
«Fueron momentos magníficos», recuerda.
Mi impresión de aquella noche en The Cavern coincide con esa imagen de un músico que parecía estar disfrutando cada segundo. Su presencia escénica, la entrega y la forma de sostener la interpretación fueron parte de lo que me llevó a seguir su trabajo después de aquel encuentro.
Sin embargo, hay un contraste que Alain reconoce cuando habla de su presente.
«Ahora, para ser sincero, no tengo la misma confianza que antes. No sé por qué, probablemente sea la edad… Cumpliré 73 años en unas semanas y ya no me siento tan relajado sobre el escenario como antes… pero estoy trabajando en ello ;-)».
La respuesta tiene algo conmovedor, sobre todo para quienes lo vimos tocar con esa soltura. Desde el público, uno puede imaginar que la experiencia acumulada convierte el escenario en un lugar cada vez más familiar. Pero no siempre sucede así.
La seguridad de un músico no es necesariamente una línea ascendente. Puede haber momentos de plenitud, etapas de dudas y nuevos desafíos, incluso después de décadas de trayectoria.
Lo interesante es que Alain no habla de retirarse ni de renunciar a tocar. Habla de trabajar para recuperar esa comodidad.
Y hay una pequeña ironía en todo esto: el hombre que recuerdo tocando como si tuviera un estadio entero delante reconoce hoy que no siempre se siente tan relajado sobre el escenario. Quizá esa contradicción también forme parte de la experiencia musical. Desde afuera vemos la entrega; desde adentro, cada concierto sigue siendo un desafío.
The Beatles: los maestros que le abrieron las puertas


Si hay un nombre que atraviesa toda la historia de Alain Pire, es el de The Beatles. Su vínculo con la banda comenzó cuando tenía unos nueve o diez años y escuchó She Loves You en la radio.
«Fueron mis maestros desde muy pequeño. Luego crecí con ellos: cada álbum era diferente del anterior. Fueron la banda sonora de mi vida durante muchos años. ¡Les debo mucho!».
Su relación con los Beatles va más allá de la admiración. Alain ha interpretado canciones del grupo, grabó Only a Northern Song y compuso Pepperland, una pieza cuyo título remite inevitablemente al universo de Yellow Submarine.
Pero lo que cuenta sobre su infancia permite comprender por qué esas referencias siguen siendo importantes. No se trata solamente de reproducir un sonido, homenajear un disco o recuperar una estética. La banda representa el descubrimiento de un mundo de posibilidades.
«Si no hubiera tenido la oportunidad de escuchar su música, mi vida probablemente habría sido muy diferente. Probablemente habría terminado en una fábrica como mi padre. Fueron mis maestros a la distancia, abriéndome las puertas de las posibilidades. ¡Estoy muy agradecido con ellos!».
Es una de las frases más significativas de toda la conversación. Alain no desvaloriza el trabajo de su padre ni presenta su propia historia como una victoria sobre sus orígenes. Lo que reconoce es que la música le permitió imaginar otro camino, algo con lo que me siento muy identificado.
En ese sentido, su relación con The Beatles no puede reducirse a una cuestión de influencias. Son parte de su educación sentimental, intelectual y artística. Cada álbum diferente, cada búsqueda sonora y cada nueva posibilidad que la banda abrió durante su evolución parecen haber dejado una marca que continúa presente en su manera de hacer música.
Quizá por eso el universo de Pepperland sigue siendo fértil para él. La psicodelia de 1966 y 1967 no es un capítulo cerrado de la historia del rock: es una fuente de preguntas, sonidos e ideas a la que todavía puede regresar.
De Liverpool a Rosario: una invitación pendiente
La conversación también nos llevó a hablar de Argentina y de nuestra particular relación con The Beatles. En Buenos Aires existe The Cavern, vinculado a la Semana Beatle de Latinoamérica, mientras que en Rosario tenemos Beatmemo, un espacio dedicado a la historia y la música de la banda.
Alain no conocía ninguno de los dos.
«¡Oh! ¡Absolutamente no! Parece interesante, ¡quizás algún día te visite!».
La respuesta abre una posibilidad, aunque por ahora sea apenas eso: una invitación lanzada desde esta parte del mundo.
Cuando le pregunto si conoce la música argentina, responde con una honestidad que desarma cualquier expectativa.
«Me siento muy tonto, pero, salvo el tango argentino, nunca había escuchado realmente música de tu país. ¡Mis disculpas! El único cantante sudamericano que conozco es Milton Nascimento, de Brasil, a quien solía escuchar en los años setenta».
No intenta disimular el desconocimiento ni inventar referencias. Y eso deja planteada una posibilidad interesante: compartir con él algo de la historia del rock argentino y en español, desde las búsquedas de Luis Alberto Spinetta, Pescado Rabioso, Litto Nebbia y Manal hasta otras generaciones, como Soda Stereo.
No son artistas equivalentes entre sí ni suenan necesariamente como las bandas que Alain estudió, pero sus recorridos permiten abrir un diálogo sobre cómo cada escena musical absorbe influencias internacionales y termina construyendo un lenguaje propio.
Quizás ese intercambio pueda continuar después de la entrevista. Me gustaría acercarle algunas canciones argentinas y conocer qué encuentra en ellas alguien que lleva tantos años escuchando, estudiando y haciendo música.
No hay mucho más que agregar. Para alguien cuya vida musical está tan ligada a una tradición específica, es comprensible que existan escenas que todavía no haya explorado. Y, precisamente por eso, la posibilidad de un intercambio resulta interesante: poner en contacto universos musicales que quizás todavía no se conocen.
Argentina tiene una historia beatle propia, con músicos, coleccionistas, encuentros y espacios que mantienen viva esa tradición. Rosario también tiene su escena y sus lugares de referencia. Que Alain pueda descubrirlos algún día sería una manera de extender el viaje que comenzó con su fascinación por aquella música británica.
Pero hay una dificultad bastante concreta. Cuando le pregunto por los lugares donde todavía le gustaría llevar Alain Pire Experience, su respuesta vuelve a combinar entusiasmo y humor.
«¡Oh, me encantaría tocar en otros lugares, pero como no tengo representante, las posibilidades son escasas! ;-))))».
El deseo está. Lo que falta es alguien que ayude a convertirlo en una fecha, un escenario y un viaje.
Seguir buscando
Alain Pire nació en Lieja el 12 de octubre de 1953. Hoy, 12 de octubre de 2026, cumple 73 años. Más de medio siglo después de aquellos primeros descubrimientos musicales, continúa componiendo, grabando y explorando un universo que empezó a conocer durante la adolescencia.


Su trayectoria atraviesa distintos proyectos, la investigación académica, los libros, las traducciones y los escenarios. Sin embargo, cuando cuenta su historia, vuelve una y otra vez a la misma idea: la música le abrió puertas que de otro modo quizás no habría encontrado.
También hay algo de esa búsqueda en el nombre Alain Pire Experience. No es solamente una banda que recupera el espíritu de una época, sino un proyecto que combina canciones, improvisación, investigación y una relación personal con la historia del rock que ya lleva publicado 5 álbumes.
En 2018, en el sótano de The Cavern, yo vi a un guitarrista que parecía disfrutar del escenario sin reservas. Su música me llevó a seguirlo y, años después, a conocer un poco más de la persona detrás de aquellas canciones.
Ahora sé que detrás de esos solos y de esa energía también hay un hombre que recuerda sus experiencias psicodélicas con una sonrisa, que todavía se sorprende por lo que le dieron The Beatles, que reconoce sus propias inseguridades y que sigue queriendo tocar en lugares nuevos, aunque no tenga representante.
Quizá el verdadero Electric Shaman no sea solamente el personaje de una canción. Quizá sea también ese músico que, después de tantas décadas, sigue encontrando razones para volver a enchufar la guitarra.
Y que todavía tiene lugares por descubrir.
Alain Pire Experience
Para conocer su música, podés explorar sus publicaciones, escuchar sus canciones y ver sus actuaciones en directo en las plataformas oficiales del proyecto.
Entrevista y texto: Eduardo Ojeda, para Multipase x el Mundo.




