JUJUY La altura del asombro

Iruya

Día 3

Nos levantamos temprano a desayunar, ansiosos ya que hoy iríamos a Iruya uno de los lugares que más esperábamos para conocer, por lo recóndito de su ubicación en el norte de nuestro país y porque hemos visto fotos hermosas de este lugar. Está ubicado a 2780 msnm, sobre los faldeos orientales de la sierra de Santa Victoria. El pueblo fue fundado oficialmente en 1753. Estos habitantes son descendientes de los incas. Existen varias ruinas a los alrededores que prueban la existencia de una etnia homogénea antes de la llegada de los realistas. Un ejemplo son las ruinas de Titiconte, ubicado a unos 8 km al este de Iruya.

Aunque Iruya forma parte de la provincia de Salta, no hay ningún acceso directo y permanente desde Salta. La única forma de acceder al pueblo es desde la provincia de Jujuy.

Así tomamos nuestro bus típico de la región, fuimos con una excursión con guía local de un día, aunque hay buses que te llevan tanto desde Tilcara como desde Humahuaca. Tomamos la misma ruta rumbo a Humahuaca RN 9, se agarra el empalme con la Ruta Provincial N° 13, donde se lee «Iruya 54 km». Siguiendo el camino indicado, tras 8 km del cruce mencionado se llega a la estación Iturbe.

Aquí en Iturbe, a 3.223 msnm aún en la provincia de Jujuy, hicimos una primera parada para ir al baño, en el lugar se encuentra la vieja estación del ferrocarril donde había puestitos de vendedores y artesanos. La mañana estaba fresca y nublada, ideal para tomar un té de coca o unos mates y por supuesto hacer unas lindas fotos.

Continuamos siempre por camino de tierra, se llega al paraje denominado «Abra del Cóndor», límite entre las provincias de Jujuy y Salta, a 4000 msnm. Aquí en medio de una húmeda nube bajamos a rendir tributo a la apacheta para que la tierra bendiga nuestro camino. En este lugar inmenso, a esa altura y en medio de esa neblina nos encontramos con unos multipaseros motoviajeros, uno de Buenos Aires y otro nada más y nada menos que de Goya, Corrientes. Charlamos un poco en medio de ese paisaje impresionante y nos dejaron unos bellos mensajes en video que pronto subiremos a nuestro canal de YouTube que poco a poco va tomando forma, les mandamos un bello saludo y disculpas por la demora, pero al fin y al cabo acá estamos cruzando historias.

Seguimos nuestro camino ya que se iba nuestro bus (ahora quiero una moto) y poco a poco en ese zigzagueante camino bordeando el cause de un río, que al momento se encontraba seco pero que en temporadas de lluvia su caudal crece y siguiendo el lecho de los ríos que surcan el interior, se aprecian quebradas de diferentes formas y colores. La piedra laja en algunos tramos ha formado paredes de contención del río y así fuimos llegando a Iruya.

Al llegar a Iruya, la primera impresión es de “un pueblo en las nubes o colgado en la montaña”.

Se destaca su edificación colonial con callejuelas estrechas y sus paisajes de imponentes vistas panorámicas.

Aquí, los habitantes, vestimentas, costumbres y viviendas han mantenido su tradición a lo largo de 250 años. El poblado conserva sus calles angostas y empedradas, con casa de adobes, piedras y paja.

Incluso hoy en día, sus habitantes siguen subsistiendo mediante la práctica del trueque. Sin embargo, debido a su cercanía con la quebrada de Humahuaca, el turismo está comenzando a desarrollarse.

Bajamos en la estación, baño de por medio, y lo primero que ves es un impresionante puente colgante que cruza el lecho del río y en frente continúan las casitas de este poblado y una cancha de futbol de tierra, donde suelen bajar helicópteros cuando algún funcionario llega hasta la zona. Cruzamos el puente y nos dirigimos hacia la cancha ya que desde allí se obtienen unas hermosas postales de la conocida iglesia de Iruya con su fachada amarilla crema y cupulas triangulares celestes.

Aquí nos topamos con unos niños que se acercan a cantar a cambio de algo de dinero, unos nos “amenazo” con echarnos una maldición de los dioses del lugar así que decidimos contribuir y escuchar su copla, su nombre Ikel y venia acompañada de su amigo Peluchin un perrito muy simpático como su dueño.

Después de recorrer y tomar unas fotos en esta zona, sin dejar de maravillarnos con ese paisaje montañoso, volvimos a cruzar el puente y nos dirigimos hacia la plaza de Iruya donde se encuentra su iglesia, en el camino vimos la camioneta de los chicos de @Caminando el Mundo (ahora quiero motorhome), no los cruzamos, seguro andaban disfrutando, pero les regalamos una foto aquí.

Luego de subir una pequeña cuesta llegamos a la iglesia de Iruya que fue fundada hacia 1753, y tuvo distintas modificaciones. Fotos de por medio y nos perdimos en sus calles empedradas, que decirles, todo el lugar es fotografiable. Por supuesto al estar en altura hay que caminar lento, de hecho, vi lugareños a los que les cuesta, así que imagínense a nosotros. Así y todo, decidimos emprender camino y subir hasta el Mirador de la cruz. Al principio el camino por el pueblo es muy empinado pero una vez llegado al inicio del camino del mirador es mucho más leve la subida que la haces en menos de media hora. Por suerte el día estaba fresco y agradable así que ayudo a hacer más leve el camino.

Llegamos al mirador y la vista vale completamente la alegría, se puede apreciar las casitas del pueblo escondiéndose en las laderas de la montaña que se asoma imponente, también una magnifica vista superior de la plaza mirador y la iglesia.

Bajamos nuevamente hasta el mirador y aquí repusimos fuerzas comprando una rica torta asada y unas empanadas a las vendedoras locales que allí estaban, muy amables y algo tímidas las señoras, una inocencia pura de gente que vive sin maldad.

Volvimos hacía el puente colgante y aprovechamos la bajante del cause del río para hacer unas fotos magnificas.

Iruya un poblado escondido en las montañas ideal para visitar tranquilamente y disfrutar sus paisajes y esas comidas típicas de esta región que por cierto está muy económico todo y comes riquísimo.

Nos despedimos admirando lo increíble de este lugar, tan único, una vida tranquila y simple pero no por eso menos mágica y bella, diría todo lo contrario.

En nuestro camino de vuelta note un cementerio a la vera del camino de tierra, todo colorido como se acostumbra en estos lugares.

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