Una noche en Qatar: lo que no te cuentan del Golfo Pérsico QATAR – DOHA 🇶🇦

Doha, calor, prejuicios y pequeñas transgresiones

Esta experiencia es de 2018. Tengan en cuenta que en ese entonces la Copa del Mundo se jugaba en Rusia, pero ya se sabía que Qatar iba a ser sede del Mundial 2022. De hecho, cuando llegamos ya estaban los preparativos y la publicidad para un evento del cual aún faltaban cuatro años y que disfrutaríamos como nunca: la FIFA World Cup 2022 – Qatar.

Al Mundial de Rusia pudimos ir en aquel entonces; la Copa de Qatar 2022 la miramos desde Rosario, Argentina 🇦🇷, y la festejamos con todo el corazón, como se festejan las cosas que se sienten propias. Por eso nos gustaría estar en esta edición 2026: para ver jugar a Messi, para agradecer en persona lo que nos regaló esta selección, sin dudas sera historico.

En estos años la ciudad y este país de Medio Oriente (o Asia Occidental) crecieron, seguramente, cuatro veces su infraestructura. Aun así, esta crónica puede servir para conocer la experiencia de unos argentinos en un país árabe de Oriente Próximo fuera de eventos masivos.

Museo de Arte Islámico (MIA), Doha

Introducción: un poco de historia

Qatar es un Estado soberano árabe ubicado en el oeste de Asia, que ocupa la pequeña península de Catar en el este de la península arábiga. Tiene una única frontera terrestre, al sur con Arabia Saudita, mientras que el resto del territorio está bañado por las aguas del golfo Pérsico. Un estrecho de agua separa esta península del estado insular de Baréin.

Qatar es una monarquía absoluta gobernada por la familia Al Thani desde mediados del siglo XIX. Antes del descubrimiento de petróleo en su territorio, era famoso por la recolección de perlas y su comercio marítimo. Fue protectorado británico hasta que ganó su independencia en 1971.

En 1995, el jeque Hamad bin Khalifa Al Thani se convirtió en emir tras deponer a su padre, Jalifa bin Hamad Al Thani, en un golpe de Estado pacífico. Desde 2013, el emir catarí es su hijo, Tamim bin Hamad Al Thani, quien accedió al cargo tras la abdicación de su padre.

En junio de 2017, Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, entre otros estados musulmanes, cortaron relaciones diplomáticas con Qatar e impusieron un bloqueo, acusándolo de apoyar y financiar el terrorismo, así como de manipular asuntos internos de estados vecinos.

Sin embargo, en enero de 2021, bajo mediación de Kuwait y Estados Unidos, Qatar y Arabia Saudita acordaron poner fin al bloqueo, reabriendo fronteras e iniciando un proceso de reconciliación entre Riad y Doha.

Tengan en cuenta que nosotros viajamos en ese contexto, durante ese conflicto.

En Qatar, los actos homosexuales son ilegales y pueden ser castigados con la muerte. Aunque el uso de la pena capital es poco frecuente y no se han producido ejecuciones estatales desde 2003.

En contraste con otros Estados árabes (como Arabia Saudita), Qatar tiene una de las legislaciones relativamente más liberales dentro de la comunidad musulmana, aunque no llega a los extremos de otras naciones del golfo Pérsico como los Emiratos Árabes Unidos o Baréin.

Legalmente, la mujer puede conducir en Qatar y existe un naciente énfasis en la igualdad y los derechos humanos, evidenciado formalmente desde el establecimiento del Comité Nacional de Derechos Humanos. No obstante, las mujeres violadas pueden ser condenadas por adulterio (una lcocura). Todo esto debe entenderse siempre dentro de los contextos culturales e históricos.

Al fondo a la izquiera : Abdullah Bin Zaid Al Mahmoud Islamic Cultural Center (Fanar Masjid)

👉 Día 1 – Llegada a Doha

Llegamos cerca de las 23 hs, en un vuelo de @qatarairways, que nos dio de comer hermosamente hasta cansarnos y, sin dudas, tiene un servicio de excelencia. Los mejores aviones en los que nos hemos subido ✈️.

Cruzar el océano es una experiencia maravillosa, aunque debo decirlo: agotadora.

Nos encontramos con un aeropuerto súper moderno y enorme: el Aeropuerto Internacional Hamad, el segundo con mayor tráfico de pasajeros del golfo Pérsico después de Dubái. Incluso hay un tren que conecta las distintas terminales.

Lo primero que notamos fue la presencia de muchos cataríes con sus túnicas blancas llamadas thoub o thaub, una vestimenta árabe que llega hasta los tobillos, generalmente de mangas largas. Las mujeres, en cambio, vestían la abaya, un vestido largo negro, y cubrían su cabello con una tela llamada shayla.

Era muy evidente quiénes habían recibido los beneficios del petróleo y el gas.

A la salida del aeropuerto, luego de cambiar dólares por moneda local, fuimos a buscar un taxi. Cuando estábamos saliendo, un hombre nos abordó ofreciéndonos transporte —como suele pasar en Retiro o Ezeiza—. Extrañamente (porque nunca lo hacemos), aceptamos. La situación se volvió rara: nos llevaba hacia otra zona del aeropuerto, hablaba por handy y se alejaba de donde nos habían indicado que estaban los taxis oficiales, que de hecho veíamos a lo lejos.

Sin demasiadas explicaciones, literalmente huimos. Podría haber sido un taxi ilegal o simplemente prejuicio nuestro, no lo sabemos, pero ante la duda tomamos la decisión más sensata.

Volvimos a la zona correcta. Los taxistas hablaban muy poco inglés —algo que con el Mundial seguramente cambió—. Teníamos la dirección del hotel impresa, con mapa incluido, y nos dijeron un precio aproximado, mayor al anterior, y partimos.


Primeras impresiones nocturnas

Durante el trayecto pudimos apreciar Doha de noche: edificios magníficos iluminados, calles ordenadas, aunque sin veredas (algo que confirmaríamos luego). Ya al aterrizar habíamos visto la ciudad desde el aire, en todo su esplendor.

Llegamos al hotel, ubicado en la zona antigua. En la oscuridad, el barrio se nos hizo extraño: estructuras a medio construir, volquetes, desorden. Con todos los prejuicios encima y la experiencia rara de la llegada, pensábamos: ¿dónde nos estamos metiendo? El hotel se veía bonito, pero el taxista no lo conocía: “debe ser nuevo”, dijo. Aparentemente, no había nada alrededor.

Ah, detalle no menor: como Qatar estaba en conflicto con varios países árabes, entre ellos Arabia Saudita, no podía utilizar ese espacio aéreo. Por eso los vuelos daban una enorme vuelta entrando por el golfo, alargando las horas de viaje. Si sobrevolaban zonas prohibidas, podían ser derribados con un misil (sí, un contexto hermoso).

Por este motivo, los pasajes eran muy baratos para una de las mejores aerolíneas del mundo. Además, Estados Unidos tiene bases militares allí, así que asumimos que no pasaría nada, aunque las relaciones estaban tensas.

En la habitación encontramos una alfombra y, supongo, el Corán, ya que estaba en árabe. El cansancio del viaje de 19 horas hizo el resto y nos fuimos a dormir con todas nuestras dudas de que haríamos en este extraño país, lejos de nuestra cultura, creencias (no somos religiosos) sistema político y demás.

Otra duda importante: no estábamos casados. En teoría, hombres y mujeres no pueden compartir habitación si no están casados por civil o por iglesia, y esto puede ser un problema serio, especialmente para la mujer. Muchos hoteles exigen comprobantes a las parejas antes de reservar. Este no fue el caso, así que quizás corrimos un riesgo. En ese momento no había demasiada información. Entendimos que la ley se aplica más si alguien denuncia. Supusimos también que, al ser sede del Mundial, no serían tan severos.

Ante cualquier inconveniente, algo se nos ocurriría. Pero sí, aunque pueda sonar exagerado, esa noche en Qatar nos permitimos actividades que, al menos en los papeles, no estaban del todo permitidas, “rompimos las reglas”. Absolutamente aceptadas y disfrutables para nuestra cultura, pero que allí pueden convertirse en un problema. Lo suficiente para recordarnos que estábamos en otro mundo. Y que, en la práctica, esas fronteras se cruzan más de lo que se dice. Eso tambíen es parte de la experiencia.


👉 Día 2 – Calor, caminatas y cultura

Despertamos temprano y decidimos caminar hasta la costa del golfo Pérsico. Nuestro destino era el Museo de Arte Islámico, una obra arquitectónica hermosa.

Al salir del hotel, el contraste entre el aire acondicionado y el calor catarí fue brutal. Éramos de las pocas personas caminando: algunos obreros migrantes de India, Pakistán u otros países, y poco más. Mujeres, prácticamente ninguna. Mi compañera entonces, una argentina caminando al mediodía con más de 40 °C, era la única mujer visible en la calle. No había veredas, era mayo y el calor era extremo. Por algo el Mundial se jugó en noviembre, el invierno catarí.

Los locales se movían en auto, disfrutando del aire acondicionado.

Con la luz del día entendimos que no era una zona peligrosa, sino un área en plena construcción y restauración. Pudimos apreciar edificios color arena, arquitectura particular y autos de lujo —Porsche, Ferrari, Lamborghini— estacionados sin mayor exhibición.

Caminamos unas cuatro cuadras, el calor seco nos castigaba, paramos en un parque (los únicos allí) a tomar agua y seguimos rumbo al museo buscando aire acondicionado… y cultura.


Vestimenta, normas y miradas

En Qatar no se permiten muestras de afecto en público. En teoría, ni siquiera ir de la mano. Existe además un código de vestimenta, especialmente en mezquitas: mujeres cubiertas hasta los tobillos y hombros. Tratamos de respetarlo.

Mi compañera usó calza larga negra y camisa azul cubriendo brazos y hombros —que además protege del sol—, con el cabello suelto, algo muy llamativo para ellos. Yo, jean, remera y camisa liviana. Evitamos muestras de afecto; lo de que la mujer camine detrás del hombre nos pareció demasiado.

Nos sentíamos observados, no por incomodidad sino por curiosidad. Ninguna mirada lasciva, todo muy respetuoso.


El Museo de Arte Islámico

Ya dentro del museo, frescos y relajados, empezamos a romper prejuicios. Nos atendieron mujeres cataríes con velo, visibles solo en el rostro, con una amabilidad cálida y genuina. La explicación fue en inglés.

El museo es impresionante: arquitectura futurista, pulcritud absoluta, arte islámico desde el siglo VII al XIX, con manuscritos, textiles y objetos de todo tipo. El edificio fue diseñado por Ieoh Ming Pei, el mismo arquitecto del Louvre de París, e inaugurado en 2008. Está ubicado en una isla artificial, rodeado por un malecón curvo. El diseño interior es de Jean-Michel Wilmotte. Como dijimos es un museo impresionante y de gran valor que, aunque quede en el culo del mundo y eso hay que decirlo, sería bueno que todos tengan la oportunidad de verlo y admirarlo

Reliquias de Egipto, Siria, Irán, Jordania, el Imperio Otomano, India, Turquía y más. Un patrimonio cultural inmenso. En cada sala, un catarí con túnica blanca, amables y sonrientes.

Es un museo para recorrer con tiempo. Medio día o más. En ese momento la entrada era gratuita. Había pocos turistas, mayormente árabes o musulmanes, lo que hacía la experiencia aún más tranquila.

Hice algunas fotos con el celu ya que la cámara quedó en la mochila en la entrada.


El zoco y la vida cotidiana

Al salir, nos acercamos a ver la Perla una escultura que recuerda el pasado de Qatar.

Caminamos por la costa del golfo Pérsico —qué lindo suena—, vimos antiguos barcos recolectores de perlas hoy dedicados al turismo. Seguimos sufriendo el sol, estas ciudades están sobre un gran desierto hay que recordar eso y pronto llegamos al Mercado catarí, en Antiguo Zoco desde donde se podía ver también el Abdullah Bin Zaid Al Mahmoud Islamic Cultural Center (Fanar Masjid), centro cultural islámico y una mezquita Al Shouyoukh Mosque.

El zoco es una reconstrucción de los mercados tradicionales. Allí el calor desaparece entre sombras, pasajes y arquitectura pensada para el clima con ambiente fresco y natural.

Acá nos encontramos con la “ciudad”, gente yendo y viniendo, un aroma intenso a especias, mujeres cataríes, algunas con sus carteras, yendo al frente apurando el ritmo a sus empleados que algunos venían con carretillas de tres ruedas llevando víveres y otros objetos. Otros simplemente recorriendo. Ancianos en sus puestos, con sus rostros arrugados por el sol y la aspereza del lugar, callecitas, toldos, gente fumando la shisha, esas famosas pipas, y muchos negocios de todo tipo.

Un chico nos ofreció la clásica kufiya roja y blanca. Normalmente está hecho de algodón o lino y se suele llevar envolviendo la cabeza de diversos modos, tanto para proteger del frío como del sol. En ambientes desérticos, también puede tener utilidad para proteger la boca y los ojos del viento y la arena. Aunque no la compramos.

El chico Preguntó de dónde éramos. “Argentina”.
Respuesta automática: Messi, Messi. Imginense ahora siendo campeones.

Seguimos por los pasillos y galerías, y nos fuimos encontrando con bares y restaurantes con algunos turistas o gente del lugar, no muchos, el movimiento era tranquilo. La verdad quedamos encantados con esta zona, creo que allí se vive la verdadera ciudad e historia del lugar, más allá de los impresionantes edificios que se aprecian en frente del Museo con el golfo de por medio.


Rumbo al aeropuerto

Nos apuramos a ir al hotel, ya era la hora del check out y teníamos que ir a tomar nuestro vuelo rumbo a Barcelona (veníamos de Buenos Aires), en lo que sería un recorrido de 3 meses por diferentes países hasta llegar a Rusia, como recordarán el mundial se celebró allí en aquel entonces.

Pero nos perdimos, imagínense la desesperación, sumado al calor agobiante, de perderte en un país árabe con el riesgo de que pierdas el vuelo, sudor por doquier. Si bien teníamos un mapa offline, que siempre recomendamos descargar, lo intrincado de la zona, sumado a las construcciones, te perdés. Por suerte, preguntamos a un señor que estaba por subirse a su impresionante auto deportivo y muy amablemente nos dio las indicaciones perfectas y llegamos en 10 minutos por el atajo indicado

Ducha rápida, bolsos listos. El hotel tardó en pedir taxi, así que salí a la calle con 40 °C. Milagro argentino: paré uno a dos cuadras. Taxi de lujo, aire acondicionado celestial. Camino al aeropuerto vimos estadios, edificios y ese azul turquesa del golfo mezclado con la arena.


Despedida y conclusiones

En el aeropuerto con lo que nos sobró, picamos unos kebabs con una @Coca-Cola escrita en árabe. Más cómodos viendo el mundo de gente pasar, o pasar gente del mundo, impresionados con los musulmanes, sus atuendos, sus formas de lookearse, sí, porque algunos velos, sobre todo de las mujeres estaban personalizados, también se podía ver la joyería que exhibían, las que se les veía el rostro muy bien maquilladas, muy hermoso ver esa mezcla de culturas.

Conclusiones

Rompimos muchos prejuicios. Impacta la imagen omnipresente del Emir, pero es innegable que el petróleo cambió la vida de los cataríes. Existe controversia por la explotación laboral, el calor extremo y las condiciones, aunque para muchos trabajadores era una oportunidad mejor que en sus países.

Nos sorprendió la independencia de muchas mujeres, verlas trabajando, profesionales, etc. La cultura de la vestimenta tiene sus controversias también, como han demostrados hechos recientes en Irán, pero son costumbres, es su religión, quizás los extremos y dogmas que hay en relación a ello, es algo que deberían empezar a cambiar, creo que (aunque lentamente) se está haciendo. De todos modos, faltan más políticas de igualdad, pero siendo un país árabe y musulmán, creo que intentan abrirse lo más posible a esos cambios.

Sigue siendo condenable la discriminación hacia la comunidad homosexual. Todos saben que en el mundo árabe y musulmán tambien pasa, pero difícilmente lo reconozcan ya que va en contra de toda creencia religiosa, sin ir más lejos el cristianismo también los juzga, aunque se han vuelto más laxos en ese asunto.

Hoy Qatar es otro: nuevos edificios, estadios, metro. Desde el aire vimos el Golfo Pérsico y desiertos que pronto serían ciudades. Y así partimos rumbo a Barcelona.
La aventura recién comenzaba.

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